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Del Teatro Roxy al Multiplex: Un siglo de cine en Montería

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Es importante iniciar aclarando que en Montería, durante mucho tiempo, a los cines se les llamó "teatros", ya que, aunque su principal actividad era la proyección de películas, también eran espacios donde se presentaba otra clase de espectáculos en vivo.

Bajo este nombre, los recintos se consolidaron como el eje de la cultura local. La historia comenzó en 1913, cuando el río Sinú sirvió de camino para la llegada de los primeros equipos desde Cartagena, destinados al Teatro Roxy en la calle 29. Este lugar, luego conocido como Teatro Montería, congregó a una ciudad en formación alrededor de la pantalla grande.

La asistencia al cine se convirtió en un ritual de diez centavos, el valor de la entrada que los niños reunían moneda a moneda. Las bicicletas se acumulaban por docenas contra las paredes exteriores, confiadas a la seguridad de la época, mientras adentro el público ocupaba sus lugares: la "luneta" con sus sillas individuales para quienes pagaban más, y la "galería" o "perrata", con bancas comunitarias cerca de la pantalla.

 

Nuevos escenarios enriquecieron la oferta con el paso de los años. El Circo Teatro Variedades abrió en 1914 en la Avenida Primera, y a mediados de siglo aparecieron el Teatro Nariño y el Teatro Naín. Este último innovó con la proyección en tecnicolor y la circulación de un periódico propio que informaba sobre la cartelera e información de interes para la sociedad monteriana.

Las funciones transcurrían en medio del bullicio del público. El señor Jaime Dereix cuenta que, con sus amigos, aprovechaban la oscuridad para lanzar pequeñas bolas de barro y pólvora al suelo, estallidos que la audiencia confundía con los disparos de las películas de vaqueros. Por su parte, la señora María Sánchez recuerda cómo sus hijos desafiaban la altura, trepando las paredes del recinto para vislumbrar la pantalla sin pagar entrada.

Con los años 60 y 70 llegaron los espacios cerrados. El Teatro Libia, inaugurado en 1967 (con una parte a cielo abierto), y el Teatro Córdoba, que llevó la experiencia al barrio La Granja. Pero la llegada de la televisión y el Betamax en los años 80 transformó los hábitos de consumo, forzando el cierre de las salas tradicionales.

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Lo que siguió fue un silencio de proyectores que se extendió por un tiempo indeterminado. Esa pausa terminó en 1994 con el renacer del Cine Sinú. Si bien el rastro de su primera fundación se ha perdido en los archivos, esta reapertura —tras una aparente clausura en 1992— inauguró con su sala climatizada una nueva etapa, sirviendo de puente entre la vieja guardia y la era actual dominada por los centros comerciales.

 

Hoy, ver una película en Montería implica visitar modernos complejos con tecnología de punta y ver las películas mainstream que indica la industria de Hollywood y los exitazos de taquilla.Hoy, ver una película en Montería implica visitar modernos complejos comerciales con tecnología de punta. Aunque el entorno cambió drásticamente desde aquellas estructuras de madera ventiladas por la brisa del río, el recuerdo de los viejos "teatros" persiste como el lugar donde la ciudad aprendió a soñar.

Animación con IA de la fachada del antiguo Cine Sinú.

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